PROCESION DEL SILENCIO EN OAXACA.

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Foto: Pedro Antonio Ricárdez Vela/Juan Carlos Reyes G.

Texto: Claudia Díaz Jiménez.

El recorrido o Procesión del Silencio, es una costumbre con más de veinte años en Oaxaca, es uno de los momentos mas importantes que se viven durante la Semana Santa (que es la semana en que se recuerda la pasión y muerte de Cristo y que los Oaxaqueños católicos viven fervorosamente).

Rememora la caminata que hicieron los seguidores de Jesús a su tumba después de bajarlo de la cruz.

Layu, hace el recorrido para mostrarte lo mejor de esta tradición.

Es viernes, en el cielo, aun los rayos del sol luchan por emitir sus destellos de luz entre las espesas nubes que se esparcen, Selene, (nuestra luna) ya se asoma anunciando la llegada de la noche y con ella la Procesión del Silencio …

El Obispo dirige unas palabras, una oración, de pronto suenan un tambor lento y pausado, todo es tristeza, dolor y silencio, a pesar de la gran cantidad de gente que la acompaña, hay un murmullo… el sonido de los pasos de los encapuchados, de los hombres y mujeres de luto que cargan las imágenes, el arrastrar de las cruces de los penitentes, el viento moviendo sutil, los estandartes de las cofradías, que de tantos, se pierden en la distancia.

Esta caminata lleva un orden, primero va la Cruz y los Críales que preceden la procesión, después las damas de la tercera orden de Santo Domingo que acompañan al Señor de la Columna (que es un Cristo del siglo XVII que se venera en este templo) y en seguida las imágenes del Cristo crucificado de los demás templos cargados por los encapuchados o por hombres y mujeres de luto, luego, veinte enormes lanzas adornadas con motivos de la pasión como la corona, las espinas, los clavos, la sabana santa que escoltan la hermosa escultura de la Preciosa Sangre de Cristo (Que se venera en el templo con este mismo nombre). Le siguen, hombres descalzos, cubiertos solo por el taparrabo, que cargan cruces grandes y pesadas, seguidos por la cofradía de las siervitas, damas pertenecientes al templo del patrocinio, todas con riguroso luto que acompañan a la santísima virgen, cargada en andas por otros penitentes encapuchados, después las imágenes de la virgen, de luto, de los demás templos, al final, los estandartes bordados en plata y oro con antiquísimos relicarios.

El tambor continua sonando, lento, como un corazón que apenas late, que de dolor no quisiera latir mas, que de tanta pena, apenas se sostiene…

El Cristo se mira por todos lados, son muchas las imágenes sangrantes, el sufrimiento en su rostro contrasta con las rosas blancas y rojas que le adornan, rojas como la sangre, blancas como la pureza, de pronto se escucha el sonido de la cámara de algún turista tomando fotos.

Los penitentes descalzos, arrastras las cruces, pesadas… pesadas… tan pesadas…

Un encapuchado voltea a mirarlos, los encapuchados se ven por todos lados, morados, azules, amarillos, blancos… tan blancos como la muerte… como su muerte.

 Las mujeres de luto cargan a la Santísima Virgen que llora, que está triste por su hijo… su hijo… La tristeza camina con ellas, cargando las imágenes de la Virgen, que son muchas, la angustia también camina ahí, la oscuridad de la noche, no oculta el dolor de la madre, la luz de las velas acaricia su rostro, su bellísimo rostro, su tan doloroso rostro, quizás escondida entre la multitud que mira, se encuentre la resignación observando, paciente.

La procesión finaliza con los estandartes de las cofradías, que contienen antiquísimos relicarios y que caminan en silencio, que lucen bajo la oscuridad de la noche imponentes y hermosos, que se pierden de tantos, en las calles iluminadas por tenues faroles.

“El espacio nos llega inexpugnable y se llena de voces la presencia de mi voz remisa, ahogada al fin en el crepúsculo marino de una existencia prófuga, desde antes de nacer y aun después de muerta. Siglo a siglo, día a día, paso a paso, perforando las lágrimas estériles de esta luz, curvatura celeste ennegrecida. Hoy como ayer, desertor en el curso de la vida, reconozco las manos escalando las líneas de una cruz inexacta. Como si ya los mármoles deshechos tuvieren que volver hoy como siempre…”

Fragmento de Días Santos del Maestro Héctor Azar.

Esta celebración se lleva acabo el viernes santo a las 19:00 horas en el atrio del Templo de la Preciosa Sangre de Cristo ubicada en la calle de Alcalá, baja por el andador turístico hasta la Alameda de León y sube nuevamente al templo.

Es una celebración digna de ser admirada en Oaxaca.

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