LUNES SANTO EN SAN BARTOLO COYOTEPEC.

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Texto: Claudia Díaz Jiménez.

Fotografía: Pedro Antonio Ricárdez Vela.

 

 

El lunes de Semana Santa en San Bartolo Coyotepec, pueblo cercano a la Ciudad de Oaxaca, se lleva acabo una tradición muy antigua que consiste en lavar las ropas del Cristo para sacar el agua de enjuague que es considerada milagrosa.

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Es una mañana calurosa, la gente del pueblo empieza a llegar a la casa del mayordomo, las mesas están dispuestas con pan, chocolate, téjate, tortillas calientitas, higaditos, frijoles y salsa.

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Mientras desayunan, un tambor suena pausado, triste.

La hermandad del Santo entierro de Cristo que es una comisión principalmente de hombres y encargada de llevar acabo las festividades de la Semana Santa, también se encuentran ahí, ellos trenzan los pabilos para elaborar las velas que se usaran durante estos días.

Cuando llegamos, Fabiola nos presentó como sus conocidos con el mayordomo Don Pablo Cruz, guardando las formas de la tradición para que pudiéramos ser aceptados. –la gente cuando llega- nos comenta Fabiola- trae cera para que la hermandad elabore por la noche las velas.

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El tambor como minutero desesperado que intenta romper un barullo constante no deja de llamar mi atención, observé que un metate pequeño se encuentra en el corredor de la casa, en el, las niñas del pueblo muelen el amole, una especie de camote donde sacan jabón, con el la hermandad del Santo Entierro lavará las prendas del Cristo en unas tinajas que se encuentran ya listas junto a un altar en donde se exponen la corona de espinas y los clavos que se usarán durante la crucifixión. Las niñas ríen, platican, se turnan para hincarse y moler el amole.

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Nos dirigimos al interior del lugar, a un segundo patio que se encuentra al fondo. El tambor sigue tocando, me hace pensar que se asemeja a los latidos de un corazón que decae, que muere.

-Este instrumento- me dice Fabiola- sustituye a la chirimía. La chirimía anuncia el inicio de una fiesta, el tambor indica que estamos iniciando un luto, por todo lo que ocurrirá estos días.

 En el segundo patio hay gran movimiento de señoras, a pesar de que aun sirven a los últimos invitados el desayuno, ya se acerca la hora de la comida y tendrán que volver a atender a la gente.

Unas preparan el téjate, otras pican las verduras para el caldo, otras mas hacen los guisos o elaboran las tortillas, también existe un grupo de mujeres encargándose del chocolate y el pan, todas supervisadas por la mayordoma Doña Yolanda Mateo López.

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El tiempo pasa muy rápido mientras platicamos con las señoras que a pesar del ajetreo se ven muy animadas, de repente, el redoble del tambor se escucha mas fuerte – la Hermandad del Santo Entierro ya está lavando la ropa- nos dicen.

-El instrumento sale a la calle para que la gente que aun no ha venido sepa que ya está por salir el agua de enjuague, si tienen una persona enferma vienen por un poco porque es considerada curativa- nos comenta Fabiola.

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Nos invitan a pasar a la mesa, ya están sirviendo la comida y junto con ella empiezan a repartir jícaras con el agua de enjuague, frente al altar la Hermandad del Santo Entierro inicia la ceremonia del agua, Don Armando Mateo Pacheco varón primero y secretario de la hermandad dirige las palabras y las oraciones. Toda la gente se toma el agua esperando el milagro de la salud, algunos piden agua para llevar a sus familiares enfermos, el agua es entregada en bolsas de plástico para su fácil transporte.

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Por la noche presenciamos la labrada de las velas, es impresionante ver las fogatas que se prenden en el interior de unos huecos hechos en la tierra, sobre ellas se colocan enormes cazos con cera hirviendo, los integrantes de la hermandad empiezan a bañar los pabilos colgados de un ruedo enorme de metal hasta formar las velas, es una noche de desvelo, de mezcalito para el frio, de arduo trabajo que culmina hasta terminar toda las velas.

Yo no quiero llegar pronto ni tarde,

Me dicta su tic-tac el reloj viejo,

Y al par que inclina su candor a tarde

Se amortiguan las aguas del espejo.

Yo ya se mi dolor, mi dolor viejo…

¡cómo se va entintando el aposento!

En el hogar, las cenizas apagadas,

Y va empujando lentamente el viento

A las puertas absortas y enlutadas.

Y después, una sombra me acaricia

Como una mano…, otra sombra después

Entrecierra mis ojos la delicia

Y me vuelve a invadir la lobreguez.

El reloj se detiene al dar la hora,

Ya inclinó su candor la mustia tarde,

Enjugo el llanto al corazón que llora…

Yo no quiero llegar pronto ni tarde.

Poema Yo no quiero… del poeta Xavier Villaurrutia.

 La cita es en San Bartolo Coyotepec el lunes de Semana Santa para presenciar una de las tradiciones mas antiguas e impresionantes de esta comunidad, conocerla y tomar del agua curativa.

Se ubica al sur de la Ciudad de Oaxaca, a 11 kilómetros (7 millas) por la Carretera Federal No. 175. Tiempo aproximado: [20 min.] no olvides tu cámara, te encantará.

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