EL MERCADO EN DIAS DE MUERTOS.

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TEXTO: Claudia Díaz Jiménez.

FOTOGRAFÍA: Pedro Antonio Ricárdez Vela.

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 Durante los primeros días de noviembre es tradicional que las almas de los familiares fallecidos crucen el umbral y los vivos los reciban con altares decorados con gran esmero, el 31 de octubre llegan las almas de los niños en forma de angelitos y el 01 de noviembre llegan los fieles difuntos.

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En los días previos al 31 de Octubre las calles de Oaxaca se llenan de color, en los mercados la flor amarilla del cempasúchil y la de la cresta de gallo adornan por doquier, la gente acude a comprar el pan, velas, chocolate, fruta como caña, nuez, cacahuate, tejocote, jícama, mandarina, lima, naranja entre otras, también mole, mezcal, calaveritas en dulce, los ingredientes necesarios para preparar los guisos que en vida gustaban a los familiares, la calabaza para hacerla en dulce entre otros manjares.

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Recorrer las calles y los mercados se convierte en una experiencia única, el olor de las flores, el colorido del papel picado adornando los pasillos y los puestos, mirar a los comerciantes vender el copal, servir el almud de cacahuates, prepara la molienda especial de chocolate que le piden, el regateo de las flores y la fruta.

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 En el ambiente se puede sentir la esencia mas pura, la añoranza, la esperanza de la llegada de esos seres tan queridos que se fueron y que se extrañan, el anhelo de que los guisos ofrecidos en el altar sean disfrutados por ellos, estar en sintonía con los que ya fallecieron , los que están siempre presentes en nuestro corazón y en nuestra memoria.

Adriana escoge la calabaza mas bonita, la que sabe que al guisarla con panela, sabrá como le gustaba a su abuela, Carlos encarga un mezcal especial, el que en las tardes disfrutaba su padre, Martha compra los ingredientes para prepara el mole con la receta especial, la que su madre usaba para cocinar este guiso que tanto disfrutaba la familia reunida.

Hasta el ingrediente mas sencillo es escogido minuciosamente.

 Muchos recuerdos se desatan en estos días, cada producto comprado se convierte en una ofrenda, en parte del altar que disfrutaran nuestros muertos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse…
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Fragmento de Elegía Interrumpida del poeta Octavio Paz.

La cita es en Oaxaca y sus regiones, ven a recorrer sus calles y sus mercados, a disfrutar de esta tradición mágica y ancestral. Te encantará.

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1 comentario

  1. Que hermoso es Oaxaca, lleno de cultura y tradiciones, fotografías perfectas donde pueden proyectar todo eso y que juntó con el relato de la fiesta te hace querer conocer más de este hermoso estado, excelente página, felicidades.

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