Día de los antepasados en Mazatlán Villa de Flores

0
sira’a chiee mie sh’chana’a
Día de los antepasados
Fotografía: Juan Carlos Reyes

Una tarde de fiesta en Mazatlán Villa de Flores, la abuela Antonia Barrales Pérez originaria del pueblo mazateco, se sentó con nosotros y nos dijo que le pregunto a sus mayores cómo fue que apareció la muerte y la fiesta de los antepasados.

“Dicen, que cuando la Madre Tierra era tierna, en el comienzo del tiempo las mayoras y mayores se sentaban entorno al fuego todas las tardes; en esa época nos permitía hacer los trabajos de labranza, construir nuestras casas sobre ella, podíamos caminar por todos los senderos, no había enfermedad que aquejara a alguien, la sonrisa de los pequeños era nuestra felicidad, los jóvenes nuestra fortaleza, nadie absolutamente nadie tenía motivos para llorar. Pero un día no permitió que desgarráramos más su cuerpo, de sus entrañas brotó sangre, nos asustamos mucho; vimos como nuestras casas una a una eran derruidas por los fuertes temblores, entre las personas se dio la violencia, cayó sobre nosotros la desgracia. Así fue como nuestras abuelas y abuelos se reunieron alrededor del fuego y se preocuparon tanto que decidieron hablar con el Padre Sol para que intercediera por nosotros ante la Madre Tierra y pactar de nuevo con ella. Nuestro Padre Sol así le habló: Madre Tierra que haces brotar de tus entrañas el agua, tus huesos sostienen el mundo, haces de la vegetación tu ropa, Madre Tierra hoy vengo a ti porque en los rostros de mis hijos hay aflicción, los problemas que han creado son muchos, hoy te ruego los dejes vivir de nuevo en ti, permite que vuelvan hacer sus hogares, deja que los niños sonrían, que los jóvenes construyan sus sueños, que las personas adultas retornen a sus trabajos de cultivos y cuando hayan cumplido su cometido en este mundo, acéptalos en tu regazo porque tuyos son.

Al escuchar la palabra del Padre Sol, la Madre Tierra aceptó y ambos sellaron un nuevo compromiso de mutuo respeto. Fue así que llegado el momento, las personas dejarían de existir, es decir, deberían morir y retornar a esta con la promesa de que en cada ciclo existiría un reencuentro con los ancestros”, de esta forma nuestros mayores pudieron vivir con tranquilidad honrando la palabra acordada.

Compartir el Artículo.

Deja un comentario